Bajo las lilas

Bajo las lilas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Los grandes elefantes. Papá no permitía que me sentaran allí arriba y no se atrevieron a hacerlo hasta después que él se hubo marchado. Entonces tuve que obedecer, si no me castigaban.

—¿Nadie te defendía? —interrogó la señora Moss.

—Sí, señora; casi todas las mujeres me protegían. Eran muy buenas conmigo, especialmente Melia. Ésta juró que no saldría a escena si me golpeaban, porque yo me negaba a ayudar al viejo Buck a cuidar los osos. De modo que tuvieron que dejarme tranquilo porque entre las mujeres no había quien pudiese reemplazar a Melia.

—¿Tenían osos? ¡Oh!, ¡cuéntanos, cuéntanos qué hacían! —exclamó Bab alborozada. Ella tenía pasión por los animales.

—Buck era dueño de cinco osos —malos bichos— y los exhibía. Por divertirme me puse a jugar con ellos en cierta ocasión y a Buck se le ocurrió que sería toda una sensación que yo los presentara ante el público. Pero los osos muerden y arañan, cosa nada agradable, y uno no puede saber nunca cuando están de buen humor o cuando tienen ganas de arrancarle la cabeza de un mordisco. Por esa razón Buck tenía el cuerpo cubierto de cicatrices y yo no quería que a mí me ocurriera lo mismo. Y me libré gracias a la intervención de la señorita St. John quien se puso de mi parte.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker