Bajo las lilas
Bajo las lilas Divertido por la lista de animales que enumeraba Ben, manifestó con gravedad:
—Por estos alrededores no criamos elefantes ni camellos. Hubo osos, pero la gente se cansó de ellos. Abundan las mulas, mas sólo las de la especie de dos patas, y en general preferimos las gallinas a los avestruces.
No pudo continuar porque Ben lo interrumpió con una alegre carcajada a la que ellos se unieron; y la risa los hizo ponerse de acuerdo mejor que las palabras. Tratando de recuperar la seriedad el señor alcalde dio unos golpecitos en la ventana que estaba tras de él y dijo:
—Te probaremos como cuidador de vacas. El peón te indicará adónde debes llevarlas y te dará algún otro trabajito para que hagas durante el día. Así sabremos para qué sirves, y por la noche se lo diré a usted, señora Moss. El niño podrá dormir en su casa, ¿verdad?
—Desde luego. Continuará en casa y vendrá a trabajar si así lo desea. Yo me ocuparé de que no sea una carga para nadie —respondió la señora Moss.
—Y yo procuraré descubrir el paradero de tu padre, muchacho. Mientras tanto pórtate bien para que podamos darle buenos informes de ti cuando venga en tu busca —manifestó el señor alcalde haciendo un gesto de advertencia con el índice.