Bajo las lilas
Bajo las lilas En ese momento se oyeron voces que se aproximaban y por la glorieta de un sendero lateral se acercaron dos niñas, una de las cuales traÃa una jarra en tanto que la otra sostenÃa con cuidado una canasta cubierta con una servilleta. ParecÃan mellizas, pero no lo eran, ya que Babe, quien medÃa apenas dos o tres centÃmetros más que Betty, era un año mayor que su hermana. Llevaban ambas vestidos de percal oscuro bajo los limpios delantales rosados confeccionados expresamente para usarlos en aquella especial ocasión, lo mismo que las medias grises y las gruesas botas.
Las caritas redondas y tostadas por el sol de las dos niñas mostraban mejillas sonrosadas, sus naricitas eran respingadas y pecosas, pÃcaros los ojos azules, y largas las trenzas que colgaban a sus espaldas (como las de la pequeña Kenwigses).
—¿No son preciosas? —exclamó Bab contemplando con maternal orgullo la hilera de muñecas que estaba a la izquierda, las cuales habrÃan ratificado:
—¡Somos siete!…
—Muy bonitas, pero mi Belinda las supera a todas. ¡Creo que jamás ha existido una criatura tan maravillosa!… —Y Betty dejo la cesta para correr a abrazar a su predilecta, que golpeaba los talones en gozoso abandono.