Bajo las lilas
Bajo las lilas —Traigan todo lo que quieran; yo buscaré mis antiguos juguetes. Ben vendrá también y a su perro lo invitamos especialmente —agregó la señorita Celia al ver a Sancho que se acercaba a ella suplicante, como si sospechara que estaban tratando un agradable proyecto.
—Gracias, señorita. Yo les dije a las niñas que a usted le gustarÃa que la visitásemos de vez en cuando. Ellas adoran este lugar y yo también —dijo Ben, pensando que pocos sitios ofrecÃan la ventaja de reunir árboles por los que se pudiera trepar, un portón con arcada, un largo muro y muchas otras maravillas, especiales para un muchacho que, desde los siete años, ha desempeñado el papel de Cupido volador.
—Y yo —agregó con calor la señorita Celia—. Hace diez años, cuando era apenas una niña, llegué aquÃ; bajo esos mismos árboles tejà guirnaldas de lilas, junté pajitas para los pajaritos y por estos senderos paseé al pequeño Thorny en su cochecito. Entonces abuelito vivÃa aquà y en su compañÃa pasamos dÃas muy felices. Pero todos han partido ya y sólo nosotros dos hemos quedado.
—Tampoco nosotras tenemos papá —murmuró Bab, quien creyó ver algo en el rostro de la señorita Celia que la impresionó como si, de pronto, tina nube hubiera oscurecido el sol.