Bajo las lilas
Bajo las lilas —¿Podemos ponernos nuestros vestidos de los domingos?
—Lita tendrá nuevos y hermosos arneses…
—Y a ella le gustan las muñecas…
—¡Cómo nos divertiremos!…
Con gran dificultad la señora logró formarse una idea aproximada del asunto y no sin trabajo consiguió que los niños se sentaran a tomar el desayuno, pues la perspectiva de la reunión se habÃa trastornado completamente.
Bab y Betty pensaban que el dÃa no acabarÃa nunca y pasaron las horas imaginando y magnificando de antemano los futuros placeres, hasta un punto tal, que sus compañeras quedaron tristes al no poder ir ellas también. A mediodÃa la madre tuvo que contenerlas para que no corrieran a la casa grande. Entonces las pequeñas, para consolarse, fueron hasta el bosquecillo de lilas desde ronde pudieron aspirar los ricos olores que llegaban de la cocina donde Katy, sin duda, estarÃa preparando deliciosos bocados para la hora del té.
Ben trabajó frenéticamente hasta las cuatro de la tarde, luego e acercó a Pat quien cepilló a Lita hasta dejarle el cuero lustroso.
En seguida el muchacho se hizo cargo del animal y con todo cuidado lo condujo hasta la cochera donde tuvo la satisfacción de colocarle los arneses «él solo».