Bajo las lilas
Bajo las lilas Cuando pasaron frente al colegio, los alumnos estaban en clase, y la clara de asombro que pusieron niños y niñas cuando vieron a Ben tan tieso en el coche, fue todo un espectáculo. Lo mismo que la soberbia indiferencia con que aquél contempló a la humilde grey que marchaba a pie. Sin embargo, no pudo tejar de saludar amablemente a Bab y Betty porque éstas se hallaban bajo el gran arce y, al recordar la librerÃa circulante, la gratitud le hizo olvidarse de su dignidad.
—La próxima vez las llevaremos también a ellas —prometió la señorita Celia cuando comenzaron á ascender la loma—, pero hoy deseo hablar contigo. Mi hermano ha estado enfermo y lo he traÃdo aquà para que se restablezca. Quiero hacer cuanto pueda para entretenerlo y divertirlo y pienso que tú puedes ayudarme de muchas maneras. ¿Te gustarÃa trabajar para mà en lugar de hacerlo para el alcalde?
—¡Ya lo creo que sÃ!… —exclamó Ben con tanto entusiasmo que no fue necesario que agregase nada más, razón por la cual la señorita Celia continuó muy complacida: