!Bee! !Bee!
!Bee! !Bee! La señorita Alice leyó lo siguiente:
«Una ley del Congreso dispone que al concluir cada viaje de veintiocho horas, los animales tengan cinco horas de descanso, durante cuyo transcurso se les proporcionarán agua y alimentos, a menos que viajen cargados en vagones que cuenten con comodidades adecuadas para el cuidado del ganado».
—¡Ahí tiene! —exclamó Patty—. Esa es la ley, y mamá dice que estas ovejas vienen de muy lejos y habría que darles agua. Cuénteselo al presidente y pídale que se ocupe de ello… Había otro artículo acerca de unos pobres cerdos y vacas que se pasaban noventa y dos horas sin agua ni alimentos. Era terrible.
—Se lo diré… Aquí viene tu tren; corre con tus fresas. Yo iré en busca de papá y le mostraré esto.
Mientras hablaba Alice, el tren entró ruidosamente en la estación, y a ello siguió un bullicio durante el cual Patty estuvo demasiado atareada para ver qué pasaba.
Bajaron el señor Benson y otro anciano robusto, y apenas recibió un beso del primero, la señorita Alice dijo con suma seriedad:
—Esperen un poco, por favor; antes de ir a casa quiero arreglar un asunto muy importante.