Detras de la mascara
Detras de la mascara De pronto, Jean dejó de reÃr, aunque mantuvo una sonrisa en los labios. Las lágrimas aún mojaban sus mejillas, y esbozó un ademán de advertencia. Gerald prestó atención: el sonido de unas pisadas mezcladas con risas y súplicas era prueba evidente de que alguien andaba buscándolos.
—Esa risa nos ha delatado. Quédate aquà y atiende a esas personas. Yo no puedo hacerlo —comentó Jean mientras salÃa rápidamente hacia el jardÃn. Coventry la siguió, ya que la perspectiva de enfrentarse a multitud de preguntas y miradas le abrumaba. Huyó de todo ello como un verdadero cobarde. El rumor de los pasos veloces de Jean lo guiaba, de modo que la alcanzó cuando ella se detuvo detrás de un rosal para descansar.
—¡Eres un caballero muy cobarde! DeberÃas haberte quedado para cubrir la retaguardia. ¡Escucha! ¡Se están acercando! ¡Debemos escondernos! —exclamó Jean jadeando con una mezcla de temor y de alegrÃa mientras sus perseguidores se acercaban.
»ArrodÃllate; está a punto de salir la luna y el destello de tus bordados te traicionará —susurró la institutriz mientras se escondÃan detrás de las rosas.