Detras de la mascara
Detras de la mascara —¡Este hombre está loco! —exclamó Coventry después de leer la carta y de que su rostro se sonrojara de rabia—. ¿Por qué demonios utiliza ese tono en sus palabras? ¡Por supuesto que no le acompañaré! Y en cuanto a su amenaza, me rÃo de ella. ¡Pobre Jean! Este obstinado necio parece insistir en atormentarla. Y bien, Dean, ¿a qué estás esperando? —preguntó Coventry con despecho, como si de repente hubiera reparado en su presencia.
—Nada, señor. Sólo me detuve para ver si habÃa encontrado la carta. Lo lamento, señor.
Tan pronto como la mujer empezó a andar, Coventry le preguntó con una mirada recelosa:
—¿Qué te ha hecho pensar que la habÃa perdido? Por lo visto, hoy te has tomado muchas molestias en mis asuntos.
—En absoluto, señor. Sólo estaba un poco inquieta porque, como Benson es olvidadizo, yo le dije que fuera a buscarlo, ya que, al verlo a usted en el parque, creà que serÃa lo mejor. Por eso consideré importante preguntarle sobre la carta.
—Muy bien, Dean. Ya puede marcharse. Todo está en orden.
—Yo no estoy muy segura de ello —murmuró la mujer mientras saludaba con una reverencia y se marchaba con aspecto de no creer que la carta hubiese sido encontrada.