Detras de la mascara
Detras de la mascara —¡Creo que no está ahÃ! —murmuró la criada mientras Coventry metÃa impacientemente la mano en un bolsillo tras otro. Pero mientras la mujer hablaba, su rostro fue adquiriendo una expresión de asombro porque la carta finalmente apareció.
»¡HabrÃa jurado que no se encontraba allÃ! No lo entiendo. Debà de confundirme. —Y Dean negó con la cabeza con perplejidad, no con convicción.
Coventry dio un grito de satisfacción al fijarse en el remitente y, sin moverse de donde estaba, rompió el borde del sobre para extraer su contenido.
Querido C,
Me voy a Baden. Ven conmigo, y asà permanecerás a salvo de todo peligro; porque si te enamoras de J. M. (y no podrás evitarlo si los dos residÃs en la misma casa), tendrás que enfrentarte a la insignificante molestia de ver cómo tu cabeza estalla en mil pedazos.
Afectuosamente, F. R. Sydney.