Detras de la mascara
Detras de la mascara —Es una joven hermosa y buena, y te ama tiernamente. ¿No hay ninguna esperanza para ella? —preguntó la pálida Jean en voz baja. Después, la joven colocó una mano contra su corazón, como si quisiera aplacar u ocultar sus intensos latidos.
—Ninguna —respondió Coventry.
—¿Pero no puedes aprender a amarla? Tienes una gran voluntad, y la mayorÃa de los hombres no tendrÃa ningún reparo en quedarse con ella.
—Yo no puedo por razones más poderosas que escapan completamente a mi control.
—¿Qué razones? —preguntaron los ojos negros de Jean mientras miraban fijamente a Coventry llenos de inocente asombro.
Coventry respondió atropelladamente.
—Aún no puedo decÃrtelo.
—¡Perdona! No debà preguntar. Será mejor que no hablemos de este tema, no soy la persona más indicada para darte consejos. Sólo digo que cualquier hombre con el corazón libre estarÃa encantado de tener a su lado a una mujer tan hermosa como tu prima.
—Mi corazón no está libre —replicó Coventry acercándose un paso más hacia Jean y hablando con un tono de voz apasionado—. Jean, debo contarte algo. Escúchame. No puedo amar a mi prima porque te amo a ti.