Detras de la mascara
Detras de la mascara Coventry habÃa cogido la mano de Jean y hablaba impetuosamente con un rostro ardiente y un tono de voz tierno, pero la institutriz no pronunció ni una palabra porque, cuando volvió su elocuente semblante hacia él, expresando su vergüenza como mujer y su tÃmido amor hacia él, la recatada figura de Dean apareció en el umbral de la puerta y su voz áspera interrumpió ese momentáneo silencio mientras anunciaba con gravedad:
—La señorita Beaufort le está esperando, señor.
—Acude de inmediato, y sé amable con ella, Gerald. Hazlo por mi bien —susurró Jean, ya que Coventry parecÃa estar sordo y ciego a todo lo que ocurrÃa a su alrededor, y sólo prestaba atención al rostro y a la voz de la señorita Muir.
Mientras ella inclinaba la cabeza para susurrarle unas palabras a su admirador, sus mejillas se rozaron y, para asombro de Dean, él la besó apasionadamente mientras añadÃa con un susurro:
—Mi pequeña Jean. Por ti puedo hacerlo todo.
—La señorita Beaufort está esperando. ¿Debo decirle que le espere, señor? —preguntó Dean con el rostro pálido, serio y cargado de indignación.
—SÃ, sÃ, dile que iré. Espérame en el jardÃn, Jean —indicó Coventry mientras se dirigÃa con presteza al encuentro de su prima, no porque tuviera ganas de verla, sino porque querÃa acabar con ella.