Detras de la mascara
Detras de la mascara —¿Me responderá a la pregunta antes de que yo le formule otra, señor Coventry?
—¿Qué dijo LucÃa de ti? Pues fue bien sencillo. «Ten cuidado con la señorita Muir. Todos desconfiamos de ella de forma instintiva cuando no tenÃamos motivos para hacerlo. Yo creo en el instinto, y el mÃo nunca ha cambiado al respecto, porque ella no ha tratado de engañarme. Su arte es refinado. Supongo que no se puede explicar ni detectar, salvo en la sucesión de acontecimientos que ella parece guiar. Ha traÃdo dolor y separación a esta familia feliz. Todos hemos cambiado por su culpa. Ella ya no puede causarme ningún daño, pero, si puede, te lo causará a ti. CuÃdate de ella o te arrepentirás amargamente de tu ciego enamoramiento».
—¿Y tú qué contestaste? —quiso saber Jean cuando las últimas palabras de Coventry brotaron de sus labios con cierta dificultad.
—Le dije que, a pesar de todo, te amaba, y que te convertirÃa en mi esposa al margen de toda oposición. Ahora, Jean, debes contestarme.
—Necesito tres dÃas para pensarlo. Buenas noches —respondió Jean mientras se alejaba de Coventry y entraba en el interior de la casa. Él apenas pudo dormir esa noche debido a los remordimientos, la intriga y la antigua desconfianza que se apoderaba de él cuando Jean no estaba para exorcizarla con sus artes.