Detras de la mascara
Detras de la mascara Por fin llegó la noche, y mientras Jean se vestía para la cena, apenas pudo reconocer su aspecto cuando se miró al espejo. La emoción aportaba un nuevo color y resplandor a su rostro. Como sabía que la boda se celebraría esa misma noche, se puso un sencillo vestido blanco y añadió un ramillete de rosas blancas en la solapa y en el pelo. Jean solía llevar flores, pero, a pesar de su deseo de pasar desapercibida, las primeras palabras de Bella cuando la institutriz entró en la salita fueron:
—Vaya, Jean, pareces una novia. ¡Sólo te faltan el velo y los guantes!
—Te olvidas de otro detalle, Bell —interrumpió Gerald con unos ojos que se encendieron al posarse sobre la señorita Muir.
—¿Qué es? —quiso saber la hermana.
—Un novio.
Bella se fijó en la reacción de Jean al oír estas palabras, pero la joven no pareció inmutarse. Sonrió ampliamente, como era habitual en ella, y se limitó a añadir:
—Ese detalle insignificante se sabrá a su debido tiempo. ¿La señorita Beaufort sigue indispuesta o bajará a cenar?
—Nos envía sus disculpas, y pensó que estarías encantada de ocupar su lugar.