Detras de la mascara
Detras de la mascara Mientras la inocente Bella transmitÃa este mensaje, Jean miró a Coventry, quien evitó de mala gana dicho contacto.
Jean pensó que los remordimientos le sentarÃan bien, puesto que le prepararÃan para arrepentirse después de comunicar la gran noticia. Además, Coventry se mostró especialmente contento a la hora de la cena y miraba de vez en cuando el asiento vacÃo de LucÃa, como si la echara de menos. Después de la cena, la señorita Muir indicó a Bella que subiera a ver a su madre. Como sabÃa que Coventry no se quedarÃa mucho tiempo bebiendo su copita de vino, Jean salió precipitadamente hacia la mansión Hall. Uno de los criados estaba sentado junto a la puerta y Jean preguntó con un tono de voz que denotaba nerviosismo, a pesar de todos sus esfuerzos por mostrarse serena:
—¿Está sir John en casa?
—No, señorita, acaba de marcharse a la ciudad.
—¡A la ciudad! ¿Cuándo? —gritó Jean, olvidando por un momento el alivio que habÃa sentido al fingir sorpresa ante la partida de sir John.
—Se marchó hace media hora en el último tren, señorita.
—Pensé que habÃa partido a primera hora de esta mañana. Me dijo que volviera esta noche.