Detras de la mascara
Detras de la mascara —Aún no han pasado tres dÃas, pero me mantengo firme en mi promesa. Me marcharé antes de esta noche. Hasta entonces, debes permanecer en silencio, si es que eres un hombre de palabra.
—Lo soy —Edward consultó su reloj y, mientras lo guardaba en el bolsillo, dijo con calculadora precisión—: Ahora son las dos de la tarde, y el tren no sale de Londres hasta las seis y media. Habrá un coche de caballos esperándote en la puerta trasera. Recomiendo que te marches en ese momento, porque me veré obligado a hablar después de la cena.