Detras de la mascara
Detras de la mascara La señorita Muir levantó rápidamente la vista, miró en un instante a su interlocutor y después volvió a bajar la mirada mientras se sonrojaba y tartamudeaba.
—No tenÃa la menor idea… Le pido mis disculpas. Es usted muy amable, sir John.
Sir John empezó a reÃr como un niño, y preguntó con un tono de voz malicioso:
—¿Por qué me llama sir John? ¿Cómo sabe usted que no soy el jardinero o el mayordomo?
—Porque no he visto nunca su rostro, y nadie que no fuera el propio sir John dirÃa que todo halago es inmerecido —murmuró la señorita Muir, quien todavÃa parecÃa presa de la confusión propia de una jovencita.
—Bueno, bueno, dejémoslo pasar, pero la próxima vez que venga seremos debidamente presentados. Bella siempre trae a sus amigas a la mansión, porque sabe que me encanta estar rodeado de gente joven.