Detras de la mascara
Detras de la mascara Mientras Coventry aceptaba su taza, preguntó amablemente:
—Señorita Muir, usted sabe perdonar. Me ofrece una taza de té después del daño que le he causado.
—Es mi deber, señor —replicó la joven con un tono de voz que delataba responsabilidad y, al mismo tiempo, un cierto desagrado. Regresó a su sitio para sonreÃr, charlar un rato y mostrarse encantadora con Bella y su hermano.
LucÃa, quien revoloteaba entre su tÃo y Gerald, captó la atención de los hombres, aunque le disgustó descubrir que sus ojos solÃan desviarse hacia el alegre grupo sentado en torno a la mesa. Además, de vez en cuando se distraÃan por los frecuentes ataques de risa y fragmentos de animada conversación que llegaban a sus oÃdos. En medio de un relato sobre un trágico suceso que ella contó de la forma más interesante y patética posible, sir John empezó a reÃr descontroladamente, lo cual reveló que habÃa estado prestando más atención al otro relato que al de ella. LucÃa, disgustada, exclamó precipitadamente:
—¡Lo sabÃa! Bella no tiene la menor idea de cómo tratar adecuadamente a una institutriz. Ella y Ned olvidarán la diferencia de clase y echarán a perder el trabajo de esa joven. Ya es una persona inclinada a la presunción, y si mi tÃa no se molesta en darle algunas indicaciones a la señorita Muir, lo haré yo.