Detras de la mascara
Detras de la mascara Cuando la señorita Muir hubo acabado, saludó a Bella y abandonó la estancia como si no se diera cuenta del honor que le habían concedido ni del aburrimiento que dejaba tras de sí. Ned se acercó a su madre, Gerald regresó a su sitio para hacer las paces con Lucía y, después de desear buenas noches, sir John se retiró. Mientras atravesaba la terraza, llegó hasta la ventana iluminada del estudio de Bella, y, como también quería desearle buenas noches, descorrió brevemente las cortinas y miró en su interior. La escena resultaba de lo más agradable. Bella estaba concentrada trabajando y, cerca de ella, sentada en una banqueta con la luz incidiendo en su cabello rubio y sus rasgos delicados, la señorita Muir leía en voz alta. ¡Novelas!, pensó sir John mientras sonreía por ser un par de románticas incurables. Se detuvo a escuchar un momento antes de pronunciar palabra, y se dio cuenta de que la institutriz no estaba leyendo una novela, sino una crónica histórica narrada con tal fluidez que convertía cada hecho y cada nota biográfica en algo interesante debido al efecto dramático que la joven imprimía a su lectura. A sir John le gustaba la historia, pero debido a sus problemas de visión no podía dedicarle mucho tiempo. Había probado con varios lectores, pero ninguno le satisfacía y acabó por no hacerse ilusiones. En ese momento, mientras escuchaba, pensó en esa agradable y delicada voz y en cómo animaría sus tardes. Entonces, sintió envidia de Bella por su nueva adquisición.