Detras de la mascara
Detras de la mascara Le llegaron rumores de las veladas tan agradables que pasaba su familia y empezó a sentir curiosidad por ellas. Los ecos de una música agradable resonaban por toda la casa mientras él descansaba en la salita. Y las carcajadas despertaban su estado de ánimo mientras escuchaba el discurso sobrio de LucÃa.
Ésta, por su parte, descubrió que su compañÃa habÃa perdido encanto, y cuanto más trataba de satisfacer a su primo, más inútiles resultaban sus esfuerzos. En breve, Coventry empezó a adoptar la costumbre de pasearse por la terraza a última hora de la tarde pasando por la ventana de la habitación de Bella en repetidas ocasiones, robando cuando podÃa alguna imagen de lo que ocurrÃa en ella y comentando los resultados de sus observaciones a LucÃa, quien era demasiado orgullosa para solicitar que la admitieran en ese cÃrculo o incluso para desearlo.
—LucÃa, mañana iré a Londres —anunció Gerald una tarde mientras volvÃa de su paseo habitual. ParecÃa muy preocupado.
—¿A Londres? —preguntó sorprendida su prima.
—SÃ, debo despabilarme para cumplir con el encargo de Ned, o de lo contrario le pasará factura.
—¿A qué te refieres?
—Se está enamorando muy rápidamente de la señorita Muir. Esa joven le ha cautivado, y pronto empezará a hacer el ridÃculo a menos que yo lo impida.