Detras de la mascara
Detras de la mascara —El refrán «el que oye nunca escucha nada bueno» es muy atinado. Paré un momento para fijarme en Ned, y escuché las siguientes noticias halagüeñas: mamá se ha ido, y Ned le ha pedido a la pequeña Muir que cante esa deliciosa melodÃa con la que nos obsequió la pasada noche.
—Ahora no, por favor, —contestó ella.
—¿Por qué no? La ha cantado en el saloncito muchas veces, —imploró Ned.
—Eso es algo muy distinto. —Y ella le miró negando con la cabeza, ya que tenÃa las manos cruzadas y se daba aires de joven patético y apasionado.
—Ven a cantar con nosotros, —propuso la inocente Bella—. A Gerald le encanta tu voz y se queja de que nunca cantas para él.
—Nunca me lo ha pedido, —contestó Muir con una extraña sonrisa.
—Es muy perezoso, pero tiene ganas de escucharte.
—Cuando me lo pida, cantaré para él si me apetece. —Después, se encogió de hombros con un provocador gesto de indiferencia.
—Pero eso le divierte, porque aquà es todo tan aburrido, —se quejó la tontita de Bella—. No seas tÃmida ni orgullosa, Jean, ven a entretener al pobre chico.