Detras de la mascara
Detras de la mascara Un descubrimiento
Durante varios días, Coventry permaneció encerrado en su habitación en contra de su voluntad, aunque todo el mundo hacía lo posible para aliviar su molesto cautiverio. Su madre le acarició, Bella cantó, Lucía leyó, Edward se mostró solícito y toda la casa, salvo por una excepción, estaba dispuesta a servir al joven amo. Jean Muir nunca se acercó a él, aunque ella era la única que parecía tener la capacidad de divertirle. Se cansaba rápidamente de los demás, y siempre reclamaba alguna novedad. Evocó en su mente la personalidad vivaracha de la joven para avivar su estado de ánimo. Después de algunas dudas, habló descuidadamente de ella con Bella, pero no sacó nada en claro, porque ésta sólo dijo que Jean se encontraba bien y que estaba muy ocupada preparando un regalo encantador con el que sorprender a mamá. Edward se quejó de que nunca la veía, y Lucía ignoró por completo la existencia de esa mujer.
La única noticia que recibió el enfermo provino de las habladurías de dos criadas mientras limpiaban el cuarto contiguo. Por ellas supo que la señorita Beaufort había «regañado» a la institutriz por haber entrado en el dormitorio del señor Coventry; que ella se había tomado esas palabras con gran tranquilidad, y que procuró no cruzarse con ninguno de los dos caballeros, aunque era más que evidente que el señor Ned se moría de ganas de verla.
