Hombrecitos
Hombrecitos —No tengo a nadie.
—¿Cuántos años has cumplido?
—Voy a cumplir catorce.
—Representas más. ¿Qué sabes hacer…?
—Casi todo.
—Si te quedas aquÃ, trabajarás, estudiarás y jugarás como los demás. ¿Te parece bien?
—No me importa probar.
—Bueno, pues te quedarás aquà algunos dÃas y veremos cómo nos va a todos. Nat, llévate a tu amigo y entretenlo hasta que vuelva papá Bhaer; entonces resolveremos en definitiva —indicó la tÃa Jo, hallando algo embarazoso seguir la conversación con aquel chico que la miraba con sus negros y grandes ojos llenos de una expresión dura, recelosa, triste e impropia de la infancia.
—Vamos, Nat —exclamó el nuevo huésped, alejándose.
—Muchas gracias, señora —murmuró Nat abandonando el cuarto y comparando el recibimiento que le hicieran y el que se hacÃa a su amiguito. Luego, exclamó—: Los compañeros están en el granero, jugando al circo, ¿quieres venir?
—¿Son chicos mayores que yo…?
—No; los mayores están pescando.
—Pues vamos.