Hombrecitos
Hombrecitos Conmovida y deseosa de no defraudar la idea que Nat se forjara sobre la hospitalidad en Plumfield, mamá Bhaer dijo:
—Dame informes sobre Dan.
—No puedo; sólo sé que no tiene familia, que es pobre, que me trató con afecto y que, de poder, le favorecerÃa.
—Ya es algo lo que me cuentas, pero no sé dónde acomodarlo —advirtió mamá Bhaer, siempre propicia al bien.
—PodrÃa acostarse en mi cama; yo me irÃa a dormir al pajar; ahora no hace frÃo y no me importa dormir sobre paja; peor lo he pasado en vida de mi padre.
Emocionada y acariciando al muchachito, habló la tÃa Jo:
—Trae a tu amigo, Nat, y ya procuraremos acomodarlo.
Nat salió sonriendo alegremente y volvió en seguida trayendo a un muchacho de aspecto poco simpático, huraño, de mirada medio atrevida, medio insolente. Tras rápida ojeada, mamá Bhaer pensó: «No me las prometo muy felices de mi nuevo huésped».
—Este es Dan —exclamó Nat.
—Nat me dice que te gustarÃa vivir con nosotros.
—SÃ.
—¿No tienes familia ni amigos que te cuiden…?