Hombrecitos
Hombrecitos Daisy y Medio-Brooke tenían el cerebro lleno de fantasías y vivían en un mundo especial poblado de figuras, ya amables, ya grotescas, a las cuales bautizaban a capricho, y con las cuales jugaban imaginativamente. Una de estas invenciones infantiles era un espíritu invisible llamado «La Maranga», en cuya existencia creían y a la cual temían y sirvieron bastante tiempo. La existencia de «La Maranga» era un secreto que los hermanitos guardaban sin osar describir la naturaleza y los atributos de aquel misterioso ser, que tenía para ellos, y en especial para Medio-Brooke, admirador de duendes y de trasgos, indefinible encanto. «La Maranga» era un duende caprichoso y tirano. Medio-Brooke, de fecunda imaginación, gozaba en inventar órdenes del duende y en apresurarse a cumplirlas. Ni qué decir que las órdenes eran disparatadísimas. Rob y Teddy, aun cuando no entendían nada, participaban y se divertían de lo lindo.
Un día, al salir de la escuela, por la mañana, Medio-Brooke, gravemente, dijo a Daisy:
—«La Maranga» nos necesita esta tarde.
—¿Para qué? —preguntó Daisy, azorada.
—Para un «chacrificio» —contestó Medio-Brooke solemnemente—. Hay que encender una hoguera detrás de la roca grande, y quemar los juguetes que más nos gusten.