Hombrecitos
Hombrecitos Corrió tÃa Jo temiendo que hubiese sucedido alguna desgracia; al llegar, a la roca grande, se encontró a los adoradores de «La Maranga» llorando a moco tendido sobre los carbonizados despojos de Annabella.
—¿Qué ha ocurrido? ¡Cuéntenmelo todo! —rogó.
Daisy refirió el hecho, y mamá Bhaer rió con ganas al verla solemnidad de los sacrificadores y lo disparatado del «chacrificio».
—Nunca creà que fueran tan simples; si yo tuviera una «Maranga» habrÃa de ser una «Maranga» buena y aficionada a juegos bonitos, y no un ser destructor y amenazante. ¡Miren el daño que han causado! Desaparecieron las lindas muñecas de Daisy, los soldados de Medio-Brooke, el pueblo nuevo de Rob, el corderito de Teddy y la veterana Annabella.
—¡No lo volveremos a hacer más! —gimieron los niños.
—Medio-Brooke ha tenido la culpa —murmuró Rob.
—Yo le oà a papá Bhaer hablar de las costumbres de los griegos y quise que las imitáramos; pero como no tenÃamos criaturas para «chacrificarlas», decidà quemar los juguetes.