Hombrecitos
Hombrecitos —Hubiera querido hablar de esto reservadamente, pero Medio-Brooke ha frustrado el plan —contestó severamente el señor Bhaer—. La señora Bates me dice que el sábado pasado su hijo Jimmy compró este libro a Dan, pagándole un dólar; la madre ha visto que el libro vale mucho más y me lo devuelve creyendo en un error. ¿Lo vendiste, Dan…?
—SÃ, señor.
—¿Porqué?
—Porque necesitaba dinero.
—¿Para qué?
—Para pagar una deuda.
—¿A quién le debÃas…?
—A Tommy.
—Nunca te he prestado nada —interrumpió Tommy adivinando la revelación, y lamentándola porque admiraba a Dan.
—¡Es que Dan te quitarÃa el dólar! —insistió Ned, que no habÃa perdonado el chapuzón.
—¡Dan! —murmuró consternado Nat.
—Por desagradable que sea, tengo que intervenir en el asunto; pero no puedo ser policÃa de cada uno de ustedes, ni puedo consentir que la casa esté trastornada. Dan: ¿has puesto ese dólar en el granero? —preguntó papá Bhaer.
—SÃ, señor.