Hombrecitos
Hombrecitos La cosa era dura. Sin embargo, Jack accedió porque deseaba reconquistar la amistad de los niños. Su fuerte arraigo del sentimiento de propiedad se rebelaba ante la idea de desprenderse de objetos que le eran muy preciados. Comparado con esto, pedir públicamente perdón era cosa fácil. Con todo, poco a poco, entendÃa que hay muchas cosas que no se ven ni se tocan, y que valen más que los cortaplumas, anzuelos, etc., y que el dinero mismo.
—Bueno, haré todo lo que usted me ha indicado —dijo con resolución repentina, que satisfizo mucho al señor Bhaer.
—¡Asà me gusta! Cuenta conmigo y… ¡manos a la obra…!
Papá Bhaer condujo al desacreditado niño a la sociedad infantil que, al principio, lo recibió frÃamente; pero, poco a poco, se reconcilió con él al convencerse de que la lección le habÃa sido provechosa y de que Jack, sinceramente arrepentido y corregido, estaba ansioso por dedicarse a mejores negocios, sobre la base de su nuevo artÃculo de comercio: la honradez.