Hombrecitos
Hombrecitos Tommy, que pensara obtener una cosecha de habas en seis semanas, sufrió grave desengaño; el calor perjudicó a la siembra, el chico no le dio el riego necesario, y las orugas y cizaña acabaron con las plantas. Tommy cavó de nuevo la hacienda y sembró arvejas. Pero ya era tarde; los pájaros se comieron muchas; los plantones se cayeron con el viento; nadie cuidó de las plantas cuando brotaron, y como ya había pasado la época, pereció la sementera en el abandono. El muchacho se consoló con un caritativo esfuerzo; trasplantó a su huerto cuantos cardos borriqueros encontró, y se los ofreció al veterano borriquito, como manjar predilecto.
Medio-Brooke obsequió a su abuela, durante el verano, con lechugas y en el otoño le envió una cesta de nabos, tan blancos y tan bien lavados, que parecían huevos.
Daisy cultivaba flores, y todo el estío dispuso de ellas en abundancia. Cuidaba concienzudamente el jardincito y contemplaba a las rosas, claveles y pensamientos con amistosa ternura. Enviaba ramos de obsequio a la ciudad; mantenía bien adornados los jarrones de la casa, y le encantaba contar la historia del pensamiento.