Hombrecitos
Hombrecitos —¿Qué hay en las vinagreras que se parezca a Tommy? —dijo Nan.
—El tarro de la pimienta —respondió Ned, ofreciendo una nuez mondada a la niña y sonriéndole con una sonrisa tan mortificante que hizo que Tommy saltara, como las castañas en la lumbre, preparándose a pelearse con alguien.
Franz, siempre pacificador, intervino y propuso:
—Vamos a establecer como ley que el primero que entre aquÃ, sea quien sea, ha de contamos un cuento.
El proyecto se aprobó por unanimidad.
Momentos después se presentó Silas llevando una brazada de leña y fue recibido con estrepitosas aclamaciones. Este quedó estupefacto, hasta que Franz le explicó lo que pasaba.
—¡Bueno, bueno! Yo no sé cuentos —contestó soltando la leña y presto a marcharse. Los chicos le rodearon, le hicieron sentar y alborotaron tanto, que el bondadoso y atlético hortelano se dio por vencido.
—No sé de cuentos. Si quieren, les referiré la historia de un caballo.
—¡SÃ! ¡Que la cuente! ¡Que la cuente! —gritaron todos.