Hombrecitos
Hombrecitos —El del cariño, haciendo que ellos conocieran la sinceridad de mi afecto. El resto del milagro es obra de Fritz.
—Bueno; tu triunfo como educadora es indiscutible.
—¿Cómo no, teniendo tan buenos colaboradores, y contando con patronos tan generosos como tú…?
—Me enorgullece el éxito extraordinario de esta escuela. No era esto lo que soñábamos para ustedes. Sin embargo, tu inspiración fue felicÃsima, querida Jo.
—Y, a pesar de serlo, querido Laurie, entonces y después, y ahora, te has reÃdo de mis planes. ¿No anunciabas un desastre cuando decidà intentar el sistema de escuela mixta? Pues ya ves —exclamó señalando la fraternidad que reinaba en los grupos infantiles— el resultado maravilloso de educar juntamente niños y niñas.
—Tienes razón. Cuando Pelito de Oro sea algo mayor, vendré a traértela como alumna.