Hombrecitos
Hombrecitos —Me sentiré orgullosa de que me confÃes tu pequeño tesoro. Creo que la influencia de las niñas sobre los muchachos ha sido beneficiosÃsima. Aunque te rÃas de mÃ, te confesaré que me gusta contemplar la chiquillerÃa como a un mundo en miniatura; observar los progresos de mis hombrecitos y notar el influjo beneficioso que las niñas ejercen sobre ellos. Daisy es aquà el elemento doméstico; atrae y cautiva a todos con su bondad y su dulzura. Nan se hace admirar con su extraña mezcla de energÃa y cariño, de constancia firme y de nobles sentimientos. Tu hija Bess es la nota de elegancia refinada, de gracia, de distinción y de belleza nativas, que pule y despierta los instintos galantes y caballerescos de estos chicos.
—La que hizo conmigo esta obra admirable, más se parecÃa a Nan que a Pelito de Oro —dijo el señor Laurie.
—No, Laurie. Lo que tú eres no se lo debes a aquella indómita muchacha que, en efecto, se parecÃa a Nan. Se lo debes a la dama elegante y distinguidÃsima que el cielo te dio por compañera, y a la bondadosa criatura que cuidó de ti, como Daisy cuida de Medio-Brooke —contestó tÃa Jo, señalando a su anciana madre.
—Reconozco mi deuda de gratitud para con las tres, y comprendo cuánto pueden hacer las niñas por los niños.