Hombrecitos
Hombrecitos —Tanto como los niños por ellas. Es labor recÃproca. Nat, con la música, hace mucho por Daisy; Dan consigue de Nan lo que ninguno de nosotros puede alcanzar; Medio-Brooke es una maravilla dando lecciones a tu hija Bess. ¡Ah, si los hombres y las mujeres fuesen como estos niños y como estas niñas! ¡Ah, si el mundo fuese, en grande, lo que es en pequeño la casa Plumfield…!
—No te desanimes en tu labor —dijo el señor March—. Tu ejemplo encontrará imitadores. Tu labor, aun siendo reducida, tiene la grandeza y la fecundidad de lo noble y lo honrado. DÃa llegará en que tu obra sea guÃa de la humanidad futura.
—Ni sueño ni ambiciono tanto, padre mÃo —contestó tÃa Jo—. Sólo anhelo preparar dignamente a estos niños para la vida, poniendo en sus almas honradez, laboriosidad, fe en sà mismos y en sus semejantes.
—Eso les bastará para ser elementos útiles, para desempeñar su tarea sobre la tierra y para recordar tu nombre y el de tu marido con eterna gratitud.
Acercóse el profesor al grupo, y el señor March se apartó un momento. Mientras mamá Bhaer y su esposo charlaban satisfechÃsimos de la labor veraniega que realizaran, tÃo Laurie se acercó a los niños y les habló misteriosamente.