Hombrecitos
Hombrecitos —Pues, señor, cuento y cuento, y el bien para nosotros se quede, y el mal para quien lo vaya a buscar; como que una vez habÃa un jardinero que era dueño del jardÃn más grande que se ha conocido en el mundo. El jardÃn era hermosÃsimo y su propietario lo cultivaba con inteligencia, habilidad y esmero, cosechando frutos gustosos y exquisitos. Pero las malas hierbas, que en todas partes crecen, crecÃan a veces en el hermoso jardÃn, y no llegaban a fructificar las buenas semillas. El jardinero tenÃa a sus órdenes a varios subjardineros, algunos de los cuales cumplÃan con su deber y ganaban honradamente el jornal; pero otros descuidaban las parcelas que se les confiaran y las dejaban trocarse en campos estériles. Esto disgustaba mucho al jardinero pero como era pacientÃsimo, callaba y seguÃa trabajando y esperando años y años el momento de la gran cosecha.
—SerÃa un jardinero muy simpático —interrumpió Medio-Brooke que oÃa con viva atención.
—¿No comprendes, hermano, que es un cuento de hadas? —observó Daisy.
—No, debe ser una arrigorÃa —murmuró Medio-Brooke.
—¿Qué es arrigorÃa? —exclamó el preguntón Tommy.
—ExplÃcalo, si lo sabes, Medio-Brooke —habló el señor Bhaer—, y no uses palabras sin saber bien su significado.