Hombrecitos

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Medio-Brooke no se cansaba de leer ni de explicar sus lecturas favoritas, y los amigos pasaban muchas horas gratas en el nido del sauce, entretenidos con Robinson Crusoe, con Las mil y una noches y con muchas historias que han sido, son y serán encanto y deleite de la niñez. Estas sesiones abrieron horizontes nuevos ante Nat, y su entusiasmo por leer aquellos libros maravillosos le hizo aprender a leer correctamente como cualquiera de sus camaradas; y tan satisfecho y orgulloso se sintió con su ciencia de lector que se temió fuera a convertirse en una laucha de biblioteca como Medio-Brooke. Otro acontecimiento agradable hubo que registrar. Varios de los niños estaban «ocupados» (según decían ellos) porque, siendo pobres y teniendo que ganarse la vida en el futuro, los señores Bhaer los iban acostumbrando a la conquista de la independencia por el trabajo. Tommy vendía los huevos de su gallina; Jack especulaba con los gusanitos; Franz auxiliaba en la escuela, mediante retribución; Nat era aficionado a la carpintería y le dieron un torno con el cual fabricaba objetos útiles o curiosos, que ponía a la venta; Medio-Brooke construía, para los niños, molinitos de agua y viento, y multitud de máquinas desconocidas y complicadas.




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