Hombrecitos
Hombrecitos —¿Qué te pasa, Daisy…?
—Que los niños no quieren que juegue con ellos.
—¿Porqué?
—Porque dicen que las niñas no pueden jugar al fútbol.
—Sí, pueden, porque yo he jugado —observó mamá Bhaer.
—Ya sé que puedo jugar, porque otras veces he jugado con mi hermano, pero ahora no quiere que juegue porque los demás niños se ríen de él —dijo Daisy, enojada.
—Tu hermano tiene razón. Con él solo no hay inconveniente en que juegues, pero es violento cuando intervienen diez o doce chicos. Yo te inventaré algo que te distraiga.
—Estoy cansada de jugar sola —advirtió tristemente Daisy.
—Jugaré contigo un rato, aun cuando estoy atareada arreglándolo todo para ir a la ciudad. Te llevaré conmigo, verás a la abuelita y, si quieres, te quedarás con ella.
—Me agradará verla y ver a Josy, pero si me lo permites, volveré contigo; Medio-Brooke me extrañaría, y, además, estoy contentísima viviendo a tu lado.
—¿No sabes acomodarte a vivir lejos de tu hermano…?
