Las Mujercitas se casan
Las Mujercitas se casan Durante esta ceremonia los muchachos habían desaparecido misteriosamente y cuando trató de agradecer a sus nietos, quebrada la voz por la emoción, mientras Teddy le secaba los ojos con su delantalito, el profesor rompió de pronto a cantar. Desde arriba, una voz tras otra iba recogiendo las palabras de árbol en árbol y formando un coro invisible con la pequeña canción escrita por Jo, puesta en música por Laurie y preparada por el profesor que había entrenado a los chicos para que la cantasen con el mejor efecto. Esto fue algo completamente nuevo, y resultó un gran éxito, pues la señora no podía recobrarse de su sorpresa e insistía en estrechar la mano de cada uno de aquellos pájaros sin plumas, desde Franz y Emilio hasta el negrito, que era quien tenía voz más dulce de todos.
Después los chicos se dispersaron para una última parranda, dejando a la señora de March y a sus hijas bajo el árbol principal de la fiesta.
–Creo que nunca más debo llamarme a mí misma “Jo, la Sin Suerte”, cuando tan bellamente se ha cumplido mi deseo más grande –dijo entonces la señora de Bhaer, sacando el puñito de Teddy de la jara de la leche en la cual el chiquito se había quedado arrobado revolviendo con entusiasmo.
–Y sin embargo tu vida es muy distinta de lo que proyectabas hace mucho tiempo. ¿Te acuerdas de nuestros castillos en el aire? –preguntó Amy.