Las Mujercitas se casan
Las Mujercitas se casan –Ni con mucho tan buena como la tuya, madre. Aquà está, a la vista, y nunca te agradeceremos bastante la paciente siembra y cosecha que has realizado –le dijo Jo con la amorosa impetuosidad que nunca llegó a curarle el tiempo.
–Un haz enorme, mamita, pero sé que en tu corazón hay lugar para él –le dijo Meg, con voz tierna.
Conmovida profundamente, la señora de March sólo pudo extender los brazos como para abarcar a todos, hijos y nietos, en un mismo abrazo, diciendo con voz llena de maternal gratitud y humildad:
–¡Oh, hijas mĂas, por más largo tiempo que vivan, no podrĂ© desearles mayor felicidad que la del presente dĂa!
[1] Sobre el apellido Bhaer, cuyo sonido en inglĂ©s es parecido a “bear” (oso), y tambiĂ©n a “beer” (cerveza). La cervecerĂa alemana (beer-garden) actual y el lugar de entretenimiento del siglo XVI (bear-garden), en que cruelmente se acicateaba a un oso atado a un poste dan lugar a la broma de Laurie.