Las Mujercitas se casan

Las Mujercitas se casan

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por su parte, Meg había pasado trabajando el tiempo de la espera, desarrollando su carácter de mujer y adquiriendo sabiduría en las artes domésticas. Y poniéndose cada día más bonita, pues no hay duda que el amor es un gran embellecedor. Como tenía sus ambiciones juveniles y las esperanzas típicas de toda muchacha, sintió algún desencanto al ver el humilde tren en que debían comenzar su nueva vida. Eduardo Moffat se acababa de casar con Sarita Gardiner, y la pobre Meg no podía dejar de comparar la hermosa casa y el carruaje de ellos, los muchos regalos que recibieron y sus espléndidos ajuares con los modestísimos suyos. Secretamente, deseaba haber podido tener lo mismo, pero sin saber cómo, el asomo de envidia y de descontento pronto se desvanecieron al pensar cuánto amor y trabajo paciente había puesto su Juan para ofrecerle la pequeña casita que le esperaba. Cuando el crepúsculo los encontraba juntos, hablando de sus proyectos, por modestos que fuesen, el porvenir se le aparecía siempre tan lindo y lleno de luz que Meg se olvidaba de Sally y sus esplendores y se sentía la muchacha más rica y feliz de toda la cristiandad.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker