Los Muchachos de Jo
Los Muchachos de Jo ―¿Y quién es la vÃctima, Tom? ―preguntó con sorna.
―Es Dora, tú ya la conoces. ¿Verdad, Nan? ―SÃ, la conozco. Y me alegro por ti. Es muy buena muchacha y muy bien dispuesta. Ahora supongo dejarás tu tonterÃa de estudiar medicina. Te aconsejo que te asocies a tu padre. En el fondo, siempre has sido un comerciante. Prosperarás y tendrás una vida plácida y feliz.
―SÃ, creo que será lo mejor para mÃ…, bueno para nosotros.
Viendo que la cosa habÃa sido bien acogida por Nan, Jo se atrevió ya a bromear sobre aquel noviazgo.
―Ya lo ves, Nan. Tu gusano se ha decidido a crecer y dejar de ser tu esclavo.
―Nadie se alegra más que yo. Tom es un buen chico y vale. Ahora lo demostrará en la forma que puede demostrarlo. Como médico habrÃa sido una auténtica calamidad.
Con un sincero saludo, los dos jóvenes se desearon las mejores cosas. Luego Tom se alejó, contento de haber terminado aquella escena que habÃa estado temiendo, aunque un poco molesto por la satisfacción que Nan habÃa demostrado al saber que estarÃa libre de su asedio. A él le hubiera gustado que ella lamentase un poquitÃn aquel noviazgo.