Los Muchachos de Jo
Los Muchachos de Jo Por su parte, Nan estaba contentísima. Ahora se veía libre del asedio de Tom. Ella apreciaba al muchacho, aunque no se lo demostraba porque cualquier atención o amabilidad le envalentonaba y le hacía más pesado e insistente. En el futuro, Nan tendría en Tom un buen amigo sin tener que tratarle con chascos y desplantes.
Cuando Jo quedó sola meditó un poco:
―Esto se extiende como el sarampión. Primero Franz. Luego el enamorado Nath. Ahora el caso fulminante de Tom. A John también le he observado algo raro. No sé, no sé. El amor ha irrumpido en este rincón de mundo como una epidemia.
Mientras así monologaba; sonrió al recordar lo que Teddy le había dicho la tarde anterior:
―«Mamá yo también tengo deseos de tener novia. Aún no me he decidido bien. Me gusta Jossie, pero está tonta con sus comedias y dramas. Tendré que pedir a algún amigo que me busque una».
Jo sonrió. Los años no pasan en vano. La vida sigue su curso y los niños estaban en trance de ser hombres. Era lo lógico.
Incluso el «león» quería serlo ya con su ímpetu característico.