Los Muchachos de Jo
Los Muchachos de Jo Sin embargo, aquel amor sin esperanza podÃa servir para purificar su vida y elevarle por encima de lo que hubiera sido sin esa ilusión.
Pocas mujeres aceptarÃan casarse con él, en sus actuales circunstancias, con su pasado, con un presente aventurero e inestable y con un futuro cargado de dudas.
Por otra parte, pensó Jo, era mejor que siguiera solo. No fuera a resultar como su padre: un hombre guapo, atractivo, interesantÃsimo, sin escrúpulo alguno y responsable de más de un desengaño amoroso.
―Tienes razón, Dan. Me parece muy bien que conserves esa inocente ilusión, si ha de servirte de ayuda y consuelo. Tal vez más adelante se presente en tu vida otra ilusión que pueda sustituirla.
―¡Jamás! ¡Ni lo deseo ni es posible! ―exclamó Dan con exaltación.
―Nunca puede decirse. Pero, aunque no se presentase otra ilusión, debes comprender que no hay esperanza alguna. Bess es el encanto de sus padres, su auténtico orgullo. El mejor pretendiente del mundo les parecerÃa poco digno de ella.
―Lo sé muy bien, y estoy de acuerdo con usted y con ellos. Nadie la merece.
―Llévala como guÃa en tu vida. Que sea como una estrella que te oriente en los momentos difÃciles para saber ir siempre por el buen camino.