Mujercitas
Mujercitas —¿No prefiere tocar usted primero?
—Yo no sé tocar; soy demasiado torpe para aprender, pero me encanta la música.
Laurie tocó para ella y Jo escuchó, embriagada por el olor de los heliotropos y las rosas. Su respeto y aprecio por el joven Laurence aumentaron al ver que tocaba bien y sin presunción. Deseó que Beth pudiese oÃrle, pero no lo dijo; elogió su arte hasta que el chico se ruborizó y el abuelo acudió en su rescate.
—Es suficiente, suficiente, señorita; no le conviene recibir tantos cumplidos. No toca mal, pero confÃo en que pueda hacer cosas más importantes. ¿Se va ya? Muchas gracias por su visita. Vuelva pronto y salude a su madre de mi parte. Buenas noches, doctora Jo.
El anciano le estrechó la mano cordialmente, pero parecÃa contrariado. Cuando se dirigÃan al vestÃbulo, Jo preguntó a Laurie si habÃa dicho algo inconveniente. El joven negó con la cabeza.
—No, ha sido por mÃ. No le gusta verme tocar.
—¿Por qué?
—Se lo contaré en otra ocasión. Como yo no puedo acompañarla a casa, John irá con usted.
—No es necesario. No soy una niña y, además, vivo a un paso. CuÃdese mucho, ¿de acuerdo?
—Lo haré, pero espero que vuelva pronto. ¿Lo hará?