Mujercitas
Mujercitas 
—Chicas, ¿adónde vais? —preguntó Amy, tras entrar en el dormitorio de sus hermanas mayores una tarde de sábado y encontrarlas arregladas y en una actitud misteriosa que avivó su curiosidad.
—No es asunto tuyo; las niñas pequeñas no deben hacer esa clase de preguntas —respondió Jo, cortante.
Si algo mortifica a una niña es que le recuerden que lo es, y que la despidan con un «vete, querida» resulta aún peor, Ofendida por lo que consideró un insulto, Amy se dijo que descubrirÃa su secreto, aunque tuviese que importunarlas durante una hora, Se volvió hacÃa Meg, que no era capaz de negarle nada durante demasiado tiempo, y dijo en tono mimoso:
—¡Cuéntamelo! Además, deberÃais llevarme con vosotras, porque Beth está entretenida con sus muñecas y yo no tengo nada que hacer. Me siento muy sola.
—No podemos, querida, porque no te han invitado —empezó Meg.
Jo la interrumpió, impaciente:
—Meg, no digas nada o lo echarás todo a perder. Amy, no puedes venir; no te comportes como una niña ni empieces a quejarte.
