Mujercitas
Mujercitas —Vais a alguna parte con Laurie, estoy segura. Ayer por la noche estuvisteis cuchicheando y riendo en el sofá, y en cuanto me acerqué guardasteis silencio. Vais con él, ¿verdad?
—SÃ, asà es. Ahora estate calladita y deja de dar la lata.
Amy dejó descansar la lengua, pero no los ojos, y observó que Meg se guardaba un abanico en el bolsillo.
—¡Ya lo tengo! ¡Lo sé! ¡Vais al teatro a ver Los siete castillos! —exclamó, y añadió con resolución—: Iré con vosotras, porque mamá dijo que no podÃa perdérmela. Tengo dinero ahorrado. TenÃais que haberme avisado con tiempo.
—Escucha un momento y compórtate —dijo Meg con tono tranquilizador—. Mamá prefiere que no vayas esta semana porque aún tienes irritados los ojos y la iluminación de la obra te podrÃa molestar. Irás con Beth y Hannah la semana que viene y lo pasaréis muy bien.
—Me apetece mucho más ir con vosotras y con Laurie. Por favor, dejadme ir. Llevo demasiado tiempo con este resfriado, encerrada en casa; me muero por un poco de diversión. Meg, ¡por favor! Me portaré mejor que nunca —rogó Amy con el semblante más lastimero que pudo adoptar.
—PodrÃamos llevarla. No creo que a mamá le importe si va bien abrigada —comentó Meg.