Mujercitas
Mujercitas —Mi querida Jo, soy tu madre y puedes decirme lo que sea. Que mis hijas confÃen en mà y sepan lo mucho que las quiero me llena de felicidad y de orgullo.
—TemÃa haberte entristecido.
—No, querida, pero al hablar de tu padre he recordado cuánto le echo de menos, lo mucho que le debo y cuánto me he de esmerar para que sus pequeñas estén a salvo y bien para cuando él vuelva.
—Sin embargo, no le pediste que no fuera a la guerra ni lloraste cuando se marchó. Y nunca te he oÃdo quejarte, como si no necesitases nada —apuntó Jo, maravillada.