Mujercitas
Mujercitas El reloj dio las seis y, tras barrer el hogar, Beth acercó a él un par de zapatillas viejas para que se calentaran. Aquello tuvo un efecto tranquilizador en las muchachas, pues sabían que significaba que su madre no tardaría en volver. Se prepararon para recibirla. Meg dejó de sermonear a sus hermanas y encendió la lamparita, Amy se levantó de la butaca sin que se lo pidieran y Jo se olvidó de lo cansada que estaba y se incorporó para sostener las zapatillas cerca de las llamas.

—Ya están muy gastadas, mamá necesita unas nuevas.
—Pensaba comprarle unas con mi dólar —comentó Beth.
—¡No, yo lo haré! —exclamó Amy.
—Como hermana mayor que soy… —comenzó Meg, pero Jo la interrumpió para decir, muy decidida:
—Ahora que papá no está, yo soy el hombre de la casa, y seré yo quien le compre las zapatillas, porque papá me encargó encarecidamente que, en su ausencia, cuidase de mamá.
—Ya sé qué podemos hacer —medió Beth—. En lugar de que cada una se compre algo para sí, ¿por qué no invertimos el dinero en regalos de Navidad para mamá?
—Es una idea excelente y muy propia de ti —exclamó Jo—. ¿Qué podemos regalarle?