Mujercitas
Mujercitas Meditaron unos minutos, muy serias.
—Yo le compraré unos guantes —anunció Meg mirándose las manos, muy bonitas, como si éstas le hubiesen inspirado—. Le regalaré un hermoso par de guantes.
—Y yo unas buenas zapatillas, las mejores que haya —apuntó Jo.
—Y yo unos pañuelos bordados —dijo Beth.
—Yo le regalaré un frasquito de colonia; le gusta y no resulta demasiado caro. Con lo que sobre me compraré algo para mà —terció Amy.
—¿Cómo le daremos los regalos? —preguntó Meg.
—Podemos dejarlos sobre la mesa, irla a buscar y ver cómo los abre, como solÃamos hacer el dÃa de nuestro cumpleaños, ¿recordáis? —contestó Jo.

—Claro, Cuando me llegaba el turno de sentarme en la butaca, con la corona puesta, y os veÃa entrar en fila para darme los regalos y un beso, estaba asustada. Me encantaba la parte de los regalos y los besos, pero no soportaba veros ahà sentadas mirándome mientras abrÃa los paquetes —comentó Beth, que estaba tostando pan para la cena y, de paso, se tostaba también el rostro.