Mujercitas
Mujercitas —¡Qué dÃa más terrible! —comentó Jo, que solÃa ser la primera en hablar.
—Se me ha hecho más corto que de costumbre, pero ha sido muy desagradable —dijo Meg.
—No parecÃa nuestra casa —añadió Amy.
—Sin mamá y sin Pip, no puede ser lo mismo —suspiró Beth mientras miraba con tristeza la jaula vacÃa.
—Bueno, mamá ya está aquà y, si quieres, mañana tendrás otro pajarillo —dijo la señora March, que se habÃa acercado mientras hablaban y se sentó entre ellas. No parecÃa que sus vacaciones hubieran ido mucho mejor que las de sus hijas—. Niñas, ¿estáis satisfechas con el experimento? ¿Queréis seguir una semana más? —preguntó mientras Beth se acurrucaba en su regazo y las demás volvÃan la cabeza hacia ella, con el rostro resplandeciente, como flores que se giran hacia el sol.
—¡Yo no! —exclamó Jo con rotundidad.
—¡Yo tampoco! —dijeron las demás al unÃsono.
—Entonces, ¿creéis que es mejor tener alguna obligación y hacer algo pensando en los demás?
—Holgazanear no compensa —observó Jo meneando la cabeza—. Yo estoy cansada de perder el tiempo y pienso hacer algo útil de inmediato.