Mujercitas
Mujercitas —¿Qué te parece aprender a guisar platos sencillos? Es algo útil que toda mujer debe conocer —comentó la señora March, que rió con ganas al recordar los detalles del banquete de Jo, que conocÃa gracias a que se habÃa encontrado a la señorita Crocker antes de volver a casa.
—Mamá, ¿nos has dejado solas para ver cómo nos las arreglábamos? —exclamó Meg, que llevaba todo el dÃa sopesando la idea.
—SÃ, querida. QuerÃa que comprendieseis hasta qué punto la comodidad de todas depende de que cada una haga su parte como Dios manda. Mientras Hannah y yo hacÃamos vuestro trabajo, todo iba bastante bien, aunque no parecÃais muy felices ni estabais demasiado amables. Asà pues, pensé que necesitabais recibir una pequeña lección: ver qué ocurre cuando todo el mundo piensa solo en sà mismo. ¿No creéis que es más agradable ayudar a los demás, tener obligaciones diarias que os permitan disfrutar más del tiempo de ocio cuando este llega y hacer lo necesario para que la casa resulte acogedora y bonita?
—¡SÃ, mamá, sÃ! —exclamaron todas.